Universo roto

Hubo un tiempo en el que el universo y sus planetas vivían en paz y armonía, pero eso fue hace mucho tiempo…

Las cosas empezaron a torcerse allá por el siglo II d.C., a partir de las primeras teorías geocentristas de Claudio Ptolomeo, en las que afirmaba que la Tierra era el centro del universo. El resto de los planetas se sintieron ninguneados.

Por suerte los ánimos se calmaron con la llegada estelar de Copérnico al panorama intergaláctico, serio detractor de las teorías establecidas. Pero quizás llegó un poco tarde, la Tierra ya tenía su ego por las nubes. Los planetas jovianos decidieron hacer frente común e intentaron sin mucho éxito hacer una coalición de todos los planetas para hacer frente a egocentrismo radical de la Tierra. Urano, siempre beligerante, defendía una revolución sin descartar la violencia frente ante, lo que ellos creían, la mayor injusticia de la historia del universo. Marte, siempre comedido y en cierto modo aliado de la Tierra, abogaba por un acuerdo interplanetaria para frenar lo que se preveía como un desastre de magnitudes cosmológicas.

Con el tiempo y los trabajos de diplomacia la idea de un ataque inminente a la Tierra por parte del resto de los habitantes de la galaxia se fue disipando poco a poco.

Con la llegada de la revolución industrial en la Tierra las tensiones volvieron a florecer. Durante todo el siglo XX las amenazas, negociaciones e ultimátum estaban a la orden del día. Y llegó el día G, el 12 de abril de 1961. Un día de celebración y júbilo mundial por la consecución del primer viaje espacial, no se vio con buenos ojos por todos los miembros de la galaxia. Los planetas afines de la Tierra lo veían como una oportunidad de prosperidad mientras que los detractores lo consideraban una osadía que a saber qué consecuencias traería. Y las consecuencias tardaron poco en llegar.

El detonante de la catástrofe fue como no, la falta de respeto de los habitantes de la Tierra.

– Estos seres inmundos con sus viajecitos están llenando nuestra galaxia de porquería, ¿acaso vamos nosotros a sus límites a tirar nuestra basura? Proclamaba a viva voz en todo el sistema solar Urano.

El resto de los planetas comenzaron a radicalizarse y no descartaban unirse a la coalición de los jovianos. El hasta entonces aliado de la Tierra, Marte, ya no lo tenía tan claro. Pensaba, si es eso lo que están haciendo a su propio planeta, quien le aseguraba que no harían lo mismo con el.

 

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La Tierra minutos antes de su completa destrucción

Así fue como se creó la gran alianza de todos planetas menos Mercurio y Venus para los que todo este conflicto no iba con ellos que bastante tenían con mantener a raya al Sol.

En una primera y única comunicación a larga distancia entre todos los miembros de la Alianza Planetaria decidieron sin más miramiento realizar un ataque directo y definitivo. El plan se discutió en apenas dos horas, no se necesitó más por la sencillez del mismo. Todo liderado por el pequeño pero matón Urano decidieron que la derrota del enemigo se llevaría a cabo por aplastamiento. Todos los miembros en conjunto abandonaría sus órbitas por primera vez desde su creación y entrarían a la vez en la órbita de la Tierra y la aplastarían. No se haría prisioneros y el ataque sería demoledor.

Los planetas miembros de la Alianza Planetaria cegados por su ira no repararon en las consecuencias catastróficas de sus acciones. La salida de las órbitas fue todo un desastre, el equilibrio de la galaxia se desmoronó en apenas segundos y sí consiguieron su cometido, acabar con la Tierra… pero todos ellos cayeron en la batalla.

A partir de entonces la galaxia quedo huérfana. Sin el sistema solar nada volvería a ser lo mismo.

Imagen

Caras

fabricas con cara

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Las fabricas descubren caras. Crean caras. 
Caras de amargura y ternura olvidada. 

Recuerdan algo cercano que no merece la pena parar a pensar. 
Sabio reflejo de la realidad. 
La ciudad no se escapa, también enseña su cara, 
a veces bonita cuando se presenta la ocasión y otras no. 
La ciudad es caprichosa y no tiene compasión, 
el hambre aprieta y el frío mata. 
Hambre de humo, de carbón, 
frío de manta de duelo que se desliza áspera. 
Las caras miran la ciudad con estupor, 
no puede ser, otra vez no. 
Su alma de carne y hueso comienza a trabajar como un robot. 
Pobre alma de hojalata nos depara el futuro. 

Más caras, màs humos negros para cegar al robot!